jueves, 15 de junio de 2017

Las "Monedas cuchara" del sur de Mongolia.

Las “Monedas cuchara” del sur de Mongolia. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 70(1241) (Junio 2015): pp. 45-47.

Miguel Ibáñez Artica.


Entre las monedas primitivas, denominadas “premonedas”, “protomonedas” o “paleomonedas”, encontramos objetos metálicos, cuyo aspecto recuerda al de alguna herramienta de uso cotidiano. Este hecho está muy extendido a lo largo de todo el Planeta, tanto en Europa y Asia como en África y América.

Remontándonos a las primitivas monedas europeas, los primeros objetos de uso monetario en el Peloponeso (Grecia) fueron varillas de hierro utilizadas como asadores (Figura 1a), probablemente instrumentos de uso ceremonial para hacer sacrificios a los dioses. Estos objetos, con un peso de unos 400 gramos, eran denominados “óbolos”, y un puñado de seis de estos óbolos, los que se podían sujetar con una mano, constituían un dracma.  Precisamente éstos fueron los nombres que se asignó a las primeras monedas griegas de plata (Figuras 1a’ y 1a”).


Figura 1.- a: conjunto de seis “óbolos”, que constituyen un “dracma” premonetario; b: “Liganda” empleada como moneda en los pueblos de los ríos Lomami y Lualaba, en el Congo; c: Miniaturas de hachas de cobre utilizadas como moneda entre los pueblos aztecas.

En el continente africano, hasta fechas muy recientes, se utilizaron diferentes objetos de hierro como moneda: cuchillos arrojadizos, azadones y otros útiles agrícolas, puntas de lanza, etc. En ocasiones estas herramientas fueron perdiendo progresivamente su tamaño y forma original, transformándose en objetos de exclusivo uso monetario. Este es el caso por ejemplo de las “liganda”, originalmente puntas de lanza que alcanzaron un tamaño de dos metros, lo cual evidentemente imposibilita su función original (Figura 1b). Este es un caso excepcional, ya que lo más frecuente es que los objetos que acaban convirtiéndose en moneda se miniaturicen, como es el caso de las pequeñas hachas de cobre o bronce utilizadas como moneda entre los pueblos aztecas (Figura 1c), o de las “monedas albarda” chinas, que reproducen fielmente en miniatura el prototipo del arma (Figura 2a).


Figura 2.-
a: “Moneda alabarda”;  a’: prototipo de arma original del que deriva la moneda.
b: Monedas “pala”; c: monedas “cuchillo”; d: monedas “puente”; e: monedas “pez” y f: monedas “campana”.

En China durante la dinastía Zhou,  entre 1045 y el 256 a.C., se utilizaron diferentes monedas con formas de pala (Figura 2b) y con forma de cuchillo o navaja (Figura 2c). Estas piezas atípicas fueron sustituidas por la convencional moneda redonda por Quin Shi Huang Di, considerado como el primer emperador que unificó China en el 221 a.C., aunque las “monedas pala” fueron recuperadas por el emperador Wang Mang, y volvieron a circular durante un breve período de tiempo a comienzos del siglo primero de nuestra Era (Figura 2c’).

Durante la dinastía Zhou, circularon también otros objetos de bronce, con aspecto de puente (Figura 2d), puntas de flecha, peces (Figura 2e) o pequeñas campanas (Figura 2f), que se supone tuvieron una función monetaria, pero el tema que nos ocupa, las “monedas cuchara” o “spoon money”, aparecen al norte de China, en la denominada Mongolia interior, y en la región que actualmente constituye el desierto de Ordos, lugar donde se desarrolló una importante cultura material, entre el Paleolítico Superior y la Edad del Bronce, hasta su incorporación a China.

Además de variadas representaciones animalísticas y humanas, con un estilo propio que se ha denominado “estilo Ordos”, aparecen en abundancia pequeños objetos de bronce, con formas características que han sido interpretados como monedas primitivas u objetos de valor (amuletos) (Figura 3). 


Figura 3.- Ubicación de la cultura Ordos, en la Mongolia interior, y algunos objetos de bronce considerados como moneda en el Neolítico tardío (1.600-1.200 a.C.).

            Entre estos pequeños objetos, los primeros a los que se atribuyó una función monetaria fueron los denominados “wa wa” o “monedas cicada”. Aunque originalmente pudieron tener una función ornamental, presentan un tamaño apropiado para ser utilizados como moneda, en una época donde ya se usaban miniaturas de palas y cuchillos en la vecina China. En los últimos años han aparecido otros objetos de tamaño y peso similar, que habían sido interpretados tradicionalmente como adornos por los arqueólogos (Jettmar, 1950, lám. 2, figs. 1-5, 30, 31), si bien en la actualidad varios autores  los consideran como monedas primitivas o premonedas, aunque carecemos por el momento de información documental  que pueda confirmar esta hipótesis. Estos adornos, que presentan varios tipos de formas (Figura 3) llevan siempre un pequeño orificio con el que podrían sujetarse a una cuerda, y uno de esos tipos, identificado en fechas recientes,  presenta el aspecto de una pequeña cuchara con un mango más o menos largo, y que puede ser liso o con los bordes ondulados. Su tamaño está comprendido entre los 4 y 5 centímetros de longitud, y su peso puede variar entre los 3,5 y 5,5 gramos (Figura 4). En el extremo del mango, y sobre una expansión circular, aparece un orificio que serviría para ensartar la pieza en un cordón, que probablemente se llevaría colgado del cuello a modo de collar.


Figura 4.- Diferentes tipos de “monedas cuchara”, procedentes de la región de Ordos.

            Estos orificios son característicos en las monedas chinas, desde los primitivos cauris del segundo milenio antes de nuestra Era, hasta las monedas “cash” de comienzos del siglo XX, pasando por las “monedas navaja” y otras formas atípicas. Tienen como finalidad el poderlas agrupar ensartándolas en un cordón, lo cual presenta una doble ventaja, por una parte pueden colocarse un determinado número (los cauris se colocaban en ristras de 10 unidades, y cada ristra se denominaba ”peng”), agilizando así su contabilidad, y en segundo lugar se facilita su transporte.

            En África, encontramos objetos similares como las cucharas de bronce (Figura 5a), utilizadas para pesar el polvo de oro por el pueblo Akan del sur de Ghana, y aunque los objetos empleados como pesas con motivos geométricos, ocasionalmente son utilizados como moneda, no hay constancia de que las cucharas hayan tenido esta función. Más curiosas resultan las pequeñas cucharitas de bronce en cuyos mangos se representan figuras masculinas y femeninas: Nommo el herrero, uno de los primeros seres, y Ama, su creadora y una de las principales deidades del pueblo Dogón de Malí (Figura 5b). En este caso las cucharitas son depositadas en el santuario Binu, donde los Dogón conservan los objetos de importancia ritual y mágica.


Figura 5.- Cucharillas africanas de bronce.
            a: Utilizadas para pesar oro por el pueblo Akan.
            b: Amuletos mágicos del pueblo Dogón.

            Con respecto a las posibles monedas utilizadas al norte de China en el segundo milenio antes de nuestra Era, queda mucho por conocer de estos curiosos objetos, y ante la carencia de fuentes documentales, debido por un lado a su antigüedad, y por otro el que a diferencia de las culturas primitivas en China, no existen fuentes escritas directas de la cultura Ordos en Mongolia interior, sólo nos queda esperar que nuevos descubrimientos arqueológicos controlados, especialmente en los enterramientos de personajes importantes, que suelen estar acompañados por un rico ajuar funerario,  aporten más información y nos permitan desentrañar los numerosos secretos que conserva todavía esta interesante y compleja cultura del norte de China.


Referencias:

Jettmar, K., 1950. The Karasuk culture and its South-Eastern affinities. Bull. Museum of Far Eastern Antiquities 22: 83-126.

Reis, Bob.


jueves, 1 de junio de 2017

Un epígrafe irreverente en los jetones medievales “Este es el culo de Navarra”.

Un epígrafe irreverente en los jetones medievales “Este es el culo de Navarra”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 71(1243) (Septiembre 2015): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Todavía podemos encontrar numerosas sorpresas en el campo de la investigación numismática, y la que ahora presentamos está relacionada con una extraña leyenda que aparece en algunos jetones medievales.

            Los jetones son piezas con apariencia de monedas que servían para realizar la contabilidad, y eran usadas como fichas de ábaco para realizar las operaciones aritméticas sencillas. En uno de estos ejemplares encontramos la leyenda “CET LECU DE NAVARE”, es decir “este es el escudo de Navarra”, pero lo sorprendente es que en realidad, el escudo representado es el dimidiado con las armas de Francia y Borgoña (Figura 1). Tradicionalmente este hecho había sido interpretado como un error, que pudo ocurrir tras el fallecimiento el 12 de septiembre de 1348 de la primera esposa de Felipe VI de Francia, Juana de Borgoña. En enero del año siguiente el monarca contraía matrimonio con Blanca de Navarra, y no es improbable pensar que los fabricantes de jetones cambiaron  la leyenda, pero dejando intacto el escudo de la anterior reina. 


Figura 1.- Jetón con leyenda “cet lecu de navare” y escudo con las armas de Francia y Borgoña.

            Lo que ya no encaja tan bien con esta teoría es que encontremos cinco tipos diferentes de jetones que presentan este original anverso (Figura 2). Podemos suponer un error puntual, pero una reiteración en varias emisiones resulta menos comprensible. Pero entonces ¿cuál podría ser la causa de este error?


Figura 2.- Jetones con leyenda “Este es el escudo de Navarra” y escudo de Borgoña.
a: Prototipo de Juana de Borgoña (1313-1349) con leyenda “EQV DE BOURG” (De la Tour nº 273); b-e: Jetones con leyenda “CET LECV DE NAVARE”.

            En fechas recientes, el prestigioso medievalista francés y experto en jetones Dr. Jacques Labrot ha desarrollado una hipótesis que a primera vista resulta sorprendente, pero que muy bien pudiera corresponderse con la realidad.

            Antes de exponerla es necesario comentar unos truculentos hechos acaecidos en a comienzos del siglo catorce. Felipe IV de Francia había casado con Juana I, reina de Navarra y condesa de Champaña, y de la unión nacieron siete hijos (cuatro varones y tres mujeres) de los que cuatro llegarían al trono (tres varones en Francia e Isabel, como reina consorte de Inglaterra).

            Los tres hijos mayores, Luis, Felipe y Carlos, casaron con tres princesas borgoñesas, Luis con Margarita, hija del duque Roberto II, y Felipe y Carlos, con las hermanas Juana y Blanca respectivamente, hijas de Otón IV de Borgoña.

            El problema surgió cuando Margarita y Blanca se hicieron amantes en secreto de dos caballeros normandos, los hermanos Gautier y Philippe d'Aunay. Con el consentimiento y complicidad de Juana las reuniones amorosas de las princesas tenían lugar en la torre de Nesle situada en el extremo de la muralla que rodeaba París.

            Finalmente, el escándalo se descubrió, y los dos caballeros normandos fueron ejecutados públicamente, tras romper sus huesos en la rueda, fueron castrados, desollados y rociados con plomo fundido y azufre. Margarita y Blanca fueron juzgadas ante el Parlamento y declaradas culpables de adulterio (Figura 3). Se les afeitó la cabeza y se les sentenció a cadena perpetua. Juana también fue juzgada, pero fue declarada inocente, en parte gracias a la influencia de su marido, Felipe.


Figura 3.- Un monje corta el pelo de la adúltera Margarita de Borgoña según un manuscrito del s. XV.

            En esas fechas (1314), Margarita era la reina consorte de Navarra ya que tras la muerte de Juana I en 1305, su hijo mayor Luis pasó a convertirse en rey de Navarra, y acompañado de su mujer fue solemnemente coronado en Pamplona el uno de octubre de 1307 (Figura 4). Cuatro años después nacería de este matrimonio Juana (28 de enero del 1311), futura reina de Navarra y condesa de Evreux.


Figura 4.- Luís el Hutín, rey de Navarra y futuro rey de Francia.


Figura 5.- Árbol genealógico simplificado de los últimos reyes Capetos directos.

            La situación era compleja, Margarita y  Blanca estaban encerradas en el castillo Gaillard, y en abril de 1314 fallecía el papa Clemente V, con lo que no era posible anular el matrimonio del heredero de la corona de Francia. En noviembre de ese año fallecía Felipe IV y Luis ascendía al trono de Francia siendo coronado oficialmente en agosto de 1316, unos días después, Margarita era asesinada en la prisión y cinco días más tarde el ahora monarca Luis X contraía segundas nupcias con Clemencia de Hungría (Figura 4). Felipe obtuvo la anulación de su matrimonio, y Blanca murió en 1326 recluida en un convento.


Figura 4.- a: Representación pictórica de la torre de Nesle (actualmente desaparecida).
b.- Ruinas del castillo Gaillard en Normandía, donde fue asesinada Margarita de Borgoña, madre de la reina Juana II de Navarra.

            Recopilando: entre 1305 y 1314, Luis es rey de Navarra mientras Margarita de Borgoña es la reina consorte. Probablemente el adulterio de la reina comenzó bastante antes de 1314, y las reuniones “secretas” con su amante en la torre Neslé serían conocidas por parte de la servidumbre, llegando a oídos de los clérigos de los dineros que controlaban la contabilidad de la hacienda real, y quienes utilizaron un lenguaje críptico para denunciar la situación. En efecto tras esta aparentemente inocente frase “este es el escudo de Navarra”, se escondía el mensaje de “este es el culo de Navarra”, que traducido al lenguaje actual vendría a ser “este es el culo (inquieto de la reina) de Navarra”, señalando las armas de Francia/Borgoña, es decir el escudo de la adultera Margarita.

Bibliografía:
Ibáñez, M. 2013. Jetones medievales con el escudo de Navarra. TAN, Trabajos de Arqueología Navarra, 25: 5-141.

Labrot, J., 2002. Etude d’une serie de jetons armories aux legendes a lectura multiple. Bulletin du Centre National de recherche sur les jetons et les meraux du Moyen Age. 46/47/48: 33-71, y comunicación personal del autor.

*Nota: La historia de Felipe IV y sus hijos es la trama de la serie de novelas históricas publicadas entre 1955 y 1977 bajo el título “Los reyes malditos” por es escritor Maurice Druon, ministro de cultura de Francia entre 1973 y 1974. En español editado en 7 volúmenes por “Best Seller Zeta Bolsillo”.