sábado, 30 de septiembre de 2017

El tamaño sí importa.

El tamaño sí importa. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1139) (Marzo 2006): pp. 52-53.

            El tamaño y peso de las monedas puede variar mucho, pero generalmente para facilitar su uso, suele estar comprendido entre unos márgenes relativamente pequeños. Por ejemplo en la actualidad la moneda metálica en curso varía entre los 25 mm de la pieza de dos euros y los16 mm de la moneda de un céntimo, con un peso que oscila entre los 8,52 gramos y los 2,32 gramos respectivamente. No hace mucho tiempo disponíamos todavía de una moneda aún más pequeña, la popular “lenteja” o peseta con un diámetro de 14 milímetros y un peso de poco más de medio gramo.

            Si bien la mayoría de los sistemas monetarios suelen presentar unos intervalos de tamaño y peso relativamente reducidos, ocasionalmente podemos encontrar monedas mucho más grandes o pequeñas, esto ocurría sobre todo cuando el valor intrínseco de la moneda era igual a su valor nominal (es decir que una moneda de metal precioso que pesa un gramo, valía igual -o sólo un poco menos-, que un gramo en lingote sin acuñar de ese metal). Esta equivalencia entre los valores intrínsecos y nominales se dio en las monedas acuñadas en las Edades Antigua y Media. A partir del siglo XVI y hasta el pasado siglo XX se desarrolló el numerario fiduciario, es decir monedas a las que la autoridad emisora asignaba un determinado valor que nada tenía que ver con la calidad y cantidad de metal que llevaban las propias monedas, sin embargo, los billetes emitidos conservaban todavía la capacidad de poder ser canjeados (a veces en teoría, más que en la práctica) por su valor en metal precioso (recordemos la frase de “el banco de España pagará al portador”, que llevaban los antiguos billetes).

            Uno de los primeros patrones monetarios surgió en la Grecia clásica, se trataba de un sistema basado en la moneda de plata denominada dracma, con numerosos múltiplos y divisores, desde los pesados decadracmas de más de 40 gramos de peso, hasta los diminutos “hemitetartemorions” como los que se acuñaron en Miletos de apenas una décima de gramo (Figura 1).

Sistema monetario de la Grecia clásica         Equivalencia en Moneda Fenicia (púnica)

Decadracma                            43 g.
Tetradracma                            17,2 g.
Didracma (estátera)                  8,6 g.                              Shekel
Dracma (6 óbolos)                    4,3 g.
Tetraóbolo                                 2,85 g.
Trióbolo (hemidracma)             2,15 g.                          1/4 Shekel
Dióbolo                                     1,43 g.
Trihemióbolo  (1,5 óbolos)       1,07 g.
Óbolo                                        0,72 g.
Tritartemorion (3/4 de óbolo)   0,54 g.                          1/16 Shekel
Hemióbolo                                0,36 g.
Trihemitartemorion (3/8)          0,27 g.
Tetartemorion (1/4 de óbolo)    0,18 g.
Hemitetartemorion (1/8)           0.09 g.


Figura 1.- Comparación de tamaños entre un gran decadracma de Siracusa y un pequeño hemitetartemorion.

            Las monedas más pequeñas generaban serios problemas de circulación, por una parte eran muy necesarias para realizar con ellas pequeñas compras cotidianas en las poblaciones urbanas, pero por otra parte, su pequeño tamaño dificultaba su utilización (se extraviaban con facilidad, literalmente se perdían entre los dedos), por este motivo algunas ciudades las sustituyeron por otras monedas de metales menos valiosos (aleaciones de cobre) pero de mayor tamaño, así surgió la “litra” y sus divisores en Sicilia.

            En el antiguo reino de Siam (actual Tailandia) se venían utilizando monedas de muy diferentes tipos, en el reino de Laan Chang se usaban lingotes de plata o vellón llamados “lengua de tigre” mientras en el norte del reino de Lanna, entre 1239 y 1564 se utilizaron como moneda unas piezas con aspecto de burbuja de latón y plata denominadas “boca de cerdo” posiblemente como recuerdo e imitación de las conchas utilizadas anteriormente como moneda, así como “brazaletes-moneda”. El monarca Ramkhamhaeng (1279-1298) introdujo las “monedas bala” o “bullet coins”, fabricadas a partir de una corta barrita de plata plegada, que les confiere una forma esférica. Durante seiscientos años se fabricaron numerosas monedas de este tipo en diferentes valores, desde las gigantescas piezas de 80 baths con un peso superior al kilogramo (entre 1185 y 1232 gramos), hasta las diminutas de 1/128 bath con un peso de 0,12 gramos. En la Figura 1 puede verse una pieza de un “att”, equivalente a 1/64 bath, emitido en el siglo XIX, comparado con una pieza actual de un céntimo de euro. 


Figura 2.- A la derecha de un céntimo de euro, a: pequeña “moneda bala” con valor de 1/64 de bath, acuñada por Rama IV de Siam, el popular monarca que inspiró las películas de “El rey y yo” y “Ana y el rey de Siam” y b: fracción de fanam de Vijayanagara (India, s. XV) de 2 milímetros de diámetro y 0,02 g. de peso.
Al fondo (c), la moneda de oro más grande, acuñada en el año 2007, con un valor de un millón de dólares y un peso de 100 Kg.

            La dificultad de fabricación de estas piezas (un artesano apenas podía fabricar unas 240 monedas al día), unido a las necesidades de moneda para revitalizar el comercio, llevaron al monarca Rama IV (1851-1868), a sustituirlas por la moneda redonda y plana convencional(1). Este singular personaje que se empeñó en la modernización del país, y que contó con el asesoramiento de la institutriz Ana Leonowens, ha sido inmortalizado en la literatura y en el cine (es el monarca que figura en las películas “El rey y yo” protagonizado por el actor Yul Brynner, o la más reciente adaptación de “Ana y el rey”, protagonizada por la actriz Jodie Foster en el papel de Anna).

            Sin embargo, y a nivel mundial, el “record” de moneda más pequeña lo ostentan unas piezas de oro acuñadas en el siglo XV en Vijayanagar, capital del último gran imperio indú entre los siglos XIV y XVII. Este imperio situado al sur de la India fue creado por Harihara I (1336-1357) y tuvo su apogeo a comienzos del siglo XVI, cuando la ciudad llegó a tener una población de más de medio millón de habitantes. Las monedas en cuestión tienen tan sólo un milímetro y medio de diámetro y pesan dos centésimas de gramo, en la Figura 2 podemos ver su tamaño comparado con una moneda actual de un céntimo de euro. ¿Por qué motivo se acuñaron monedas tan diminutas e incómodas?, de momento no tenemos contestación a esta pregunta, pero lo normal en estos casos hubiera sido acuñar monedas en metales menos valiosos (plata o bronce) que con un tamaño más adecuado, hubieran sido más prácticas de utilizar.

 (1) La moneda occidental era bien conocida en esta zona, donde habitualmente circulaban los reales de a ocho españoles acuñados en Méjico, aceptados como moneda por los comerciantes y banqueros. 



viernes, 1 de septiembre de 2017

Una guerra entre monedas: el "sanchete" navarro contra el "tornés" de Francia.

Una guerra entre monedas: el “sanchete” navarro contra el “tornés" de Francia. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 62(1145) (Octubre 2006): pp. 54-55.

Miguel Ibáñez Artica.

            El término popular de “sanchete” (Figura 1) surgió durante el reinado de Sancho VII para denominar la pequeña moneda de vellón o dinero acuñada por el monarca navarro(1). Sin embargo, cuando más se utilizó este término es durante los años siguientes de la dinastía champañesa, siendo sinónimo de “moneda Navarra”, de buena calidad, en comparación con la emitida por los reinos vecinos. Se da la circunstancia que en estas monedas emitidas a nombre de los monarcas Teobaldo I, Teobaldo II y Juana I, ya no figura el término “Sancho” al que alude la denominación popular de “sanchete”. Estos anacronismos resultan normales en numismática, así por ejemplo, muy pocos dineros o gruesos torneses se acuñaron realmente en Tours, o fueron muy pocos los dineros jaqueses que a lo largo de la historia se emitieron verdaderamente en la villa de Jaca.


Figura 1.- Primer documento donde se citan “70.000 sueldos de sanchetes”, fechado en 1198.
            En un artículo anterior(2) nos ocupamos de la transición acaecida en la moneda cuando en 1234 subió al trono de Navarra el conde de Champaña Teobaldo IV. Si bien es interesante estudiar las variaciones tipológicas de las diferentes emisiones monetarias, en realidad lo que resulta fundamental es conocer las posibles alteraciones en su calidad, que nos pueden ayudar a entender algunos aspectos importantes de la vida cotidiana de la época (aumento de precios o inflación, inestabilidad social…). En ocasiones encontramos monedas de tipos muy variados, pero que poseen la misma riqueza y contenido en metal precioso, mientras que en otros casos, monedas muy similares, que apenas difieren en algún pequeño detalle (a veces puntos o marcas secretas), presentan valores muy diferentes en su contenido en plata y nos aportan pistas sobre posibles estados de crisis, donde ante la carencia de plata, se recurría al truco de acuñar moneda de menor calidad, conservando su valor nominal. De esta forma se retiraba de la circulación una determinada cantidad de moneda y con ellas se fabricaba nuevamente una cantidad superior que permitía, al menos de momento, satisfacer las necesidades económicas de la corona. Estas alteraciones del valor de la moneda, que podemos calificar como “falsificaciones legales”, fueron muy frecuentes a lo largo de la Edad Media.

            La moneda de Sancho VII conservó la misma ley (contenido en plata) que la de su antecesor en el trono, Sancho VI “el Sabio”, pero redujo ligeramente su tamaño y peso. La ley se mantuvo cuaternal, es decir de un 33,33% en plata (cuatro dineros de plata por sueldo o doce dineros: 4/12), si bien en la práctica los análisis metalográficos realizados nos dan unos valores algo inferiores que rozan el 30%. Las emisiones de los monarcas de la casa de Champaña mantuvieron la ley (Figura 1), subiendo algo el tamaño y peso de la moneda, de manera que durante el reinado de Juana I (1274-1305) el dinero “sanchete” llevaba hasta un 20% más de plata que el que tenían las emisiones de Sancho VII (Figura 2).


Figura 2.-  a: Dinero y óbolo de Teobaldo I de Navarra; b: dinero y óbolo de Teobaldo II.

            Sin embargo, el matrimonio de la reina de Navarra con Felipe IV rey de Francia iba a complicar las cosas, al introducirse en el Reyno la moneda francesa, el dinero tornés, de una calidad algo inferior. Al principio la equivalencia oscilaba entre 1 sanchete = 1,11 o 1,23 torneses, pero las autoridades francesas enviadas a gobernar el reino de Navarra establecieron una equiparación entre ambas monedas, provocando las airadas protestas del pueblo, que culminaron en el trágico levantamiento en armas del burgo de la Navarrería de Pamplona y su posterior destrucción y saqueo a manos del ejército francés. A pesar de esta equiparación legal, en la documentación de la época siguen citándose expresamente los “sanchetes” y se procura evitar las citas concretas a otro numerario diferente, de forma que las referencias a “sanchetes y torneses mezclados” son relativamente escasas (Figura 3). 



Figura 3.- a: Dinero y óbolo “sanchete” de Juana II de Navarra; b: dinero y óbolo “tornés” de Felipe IV de Francia (rey consorte de Navarra).

            Entre 1305 y 1349 no se acuñó moneda en Navarra, por lo que el dinero tornés –de menor calidad- fue sustituyendo paulatinamente al “sanchete” navarro que aún circulaba, y que por su mayor valor fue atesorado desapareciendo de la circulación (Figuras 3 y 4). Se cumplió así la famosa ley de Gresham, que dice que “la mala moneda saca de la circulación a la buena”, especialmente si –como en este caso- ambas tienen el mismo valor nominal. La “guerra” entre el sanchete navarro y el tornés francés finalizó en los primeros años del reinado de Carlos II “el Malo”, con la aparición de un nuevo tipo monetario, el “carlín”, que no era sino una copia del antiguo dinero tornés, y cuya historia de sucesivas depreciaciones repetirá durante la segunda mitad del siglo XIV -incluso con mayor virulencia-, el proceso sufrido en Navarra durante el último cuarto del siglo XIII. 


Figura 4.- Tesorillo de “sanchetes” de Teobaldo II y Juana I, donde aparecieron también (parte derecha)  tres dineros torneses de Francia y un dinero castellano de Alfonso X. (Hallado en algún lugar indeterminado de Navarra hacia mediados del s. XX).


Notas:
(1) El primer documento original donde figura el término de “sanchete” aplicado a la moneda navarra, pertenece a Sancho VII y está fechado el 31 de diciembre de 1198, en él, el monarca navarro reconoce haber recibido de García, obispo de Pamplona, la suma de 70.000 sueldos de “sanchetes” (Archivo de la Catedral de Pamplona n. 399, Figura 1).

(2) Referencias bibliográficas:
Ibáñez, M., (1994), Sanchetes "versus" Torneses en la documentación medieval de los reinos de Navarra y Francia. Gaceta Numismática 115: 37-50.
Ibid., (2005), Modificaciones introducidas por la casa de Champaña (Francia) en la numismática navarra del siglo XIII. Eco Filat. y Numism. (Octubre 2005): 48-49.

Anexo:

Sanchetes "versus" Torneses en la documentación medieval de los reinos de Navarra y Francia. Gaceta Numismática 115: 37-50.
















martes, 1 de agosto de 2017

Jetones lombardos medievales con el escudo de Navarra.

Jetones lombardos medievales con el escudo de Navarra. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 70(1240) (Mayo 2015): pp. 46-48.

Miguel Ibáñez Artica.

Denominamos “jetones” a las pequeñas fichas de cobre o latón utilizadas para realizar operaciones contables durante la Edad Media y comienzos de la Moderna, cuando los cálculos se realizaban utilizando manualmente este tipo de objetos, derivados de los “calculi” romanos. Estos jetones fueron introducidos en Navarra por la dinastía francesa, y los más antiguos, anepígrafos, se atribuyen a la reina Juana I tras su matrimonio con el rey de Francia Felipe IV en 1284. La primera vez donde vemos representado el escudo de Navarra en un objeto monetiforme es en un pequeño jetón donde aparece el escudo partido de Navarra/Champaña, rodeado por un círculo de 25 y 27  besantes respectivamente en anverso y reverso (Figura 1). Este escudo es similar al utilizado en el contrasello por los reyes navarros de la dinastía de Champaña, así como por Felipe el Hermoso, antes de que Juana I se convirtiera en reina de Francia en 1285 (Figura 2). Con posterioridad a esta fecha se incluye en el anverso el escudo de lises de Francia, conservando la figura del reverso (Navarra/Champaña) (Figura 3b). En ambos jetones los escudos están rodeados por una orla de besantes, característica de los jetones lombardos de los siglos XIII-XIV (Figura 4), y el segundo de ellos pudo pertenecer a algún personaje próximo a la casa real, como por ejemplo Cepperello Diotaiuti da Prato a quien encontramos en 1295 en Troyes como receptor de los ingresos de la dote de la reina de Navarra.


Figura 1.- Jetón con el escudo Navarra/Champaña.

Es bien conocida la importancia de los mercaderes y banqueros lombardos en las ferias de Champaña. En 1245 el monarca Teobaldo I de Navarra concedió nuevos privilegios a los mercaderes lombardos que acudían a estas ferias, e incluso conocemos los nombres de algunos de sus capitanes que operaban en dichas ferias. Resulta imposible determinar con exactitud la fecha de emisión del jetón que porta el escudo dimidiado de Navarra/Champaña, pero puede ser anterior al reinado de Juana I.

Figura 2.-
a.- Contrasello de Enrique I (1271-1274); b.- Contrasello de Juana I (1284-1285);
c.- Contrasello de Felipe el Hermoso (1284-1285).

Otro de estos tipos primitivos anepígrafos presenta en el anverso el escudo partido de Francia/Navarra y en el reverso las iniciales GIR (unas veces correctamente escritas: Fig. 5a, y otras en forma retrógrada: Fig. 5b). El primero fue descrito por Rouyer y Hucher en 1858, y el segundo por De la Tour en 1899. Mitchiner en 1988 interpreta las iniciales GIR como “Getz Ieanne Roinne”, y tradicionalmente se han asignado a la reina Juana I de Navarra (1274-1305), pudiendo ser emitidos tras la proclamación de su marido Felipe el Hermoso como rey de Francia en 1285. En fecha reciente hemos encontrado dos nuevos jetones relacionados con este tipo, el primero (Figura 5d) presenta en el anverso un escudo en zig-zag, dentro de un campo con puntos, y en el reverso un monograma formado por las letras G, I y R invertidas especularmente dentro de un campo de puntos. El segundo (Figura 5c), lleva en el anverso el escudo partido Francia/Navarra, dentro de un campo con puntos, donde el de Francia está representado por dos lises (mismo cuño que los ejemplares con monograma “GIR”), pero en el reverso presenta una llave dentro de gráfila de puntos en un campo con puntos, rodeado de 18 besantes. Los jetones que presentan imágenes de llaves suelen corresponder a la Cámara del tesoro real.


Figura 3.- a: Jetón sin escudo de Francia; b: Jetón posterior a 1285.


Figura 4.- Diferentes tipos de jetones “lombardos”. Siglos XIII-XIV.
a: Mateo di Guido; b: Franzesi; c: Lanfredini; d: Limonetti; e: Albizzi; f: Linaioli y Rigattieri (Florencia); g: Niccolini y Orlandi; h: Gherardi (Florencia); i: Bartoli y Gherardechi (Florencia); j: Balzana y Scala (Siena); k: Indeterminado (Florencia); l: Agli

No resulta extraño que un jetón de la cámara del tesoro en tiempos de Felipe IV de Francia sea de tipo “lombardo”, habida cuenta de la importancia de estos mercaderes y banqueros italianos en la corte del monarca. Sin embargo, conforme las necesidades de la corona fueron incrementándose, aumentó la presión fiscal sobre los lombardos que llegaron a sufrir un gran desprestigio social por su fama de usureros, de forma que en la literatura francesa medieval y moderna, el término de “lombardo” acabó utilizándose de forma peyorativa como sinónimo de usurero, tramposo y mala persona.


Figura 5.- Enlaces de cuños de jetones lombardos con escudo de Navarra y las iniciales “GIR”.

La denominación de “lombardo” se aplicaba a los italianos en general (procedentes de Toscana y Lombardía, pero también los de Amalfi, Milán, Pisa, Florencia, Génova, Venecia…), y a comienzos del siglo catorce había censadas en Francia 63 sociedades de lombardos. Cada una de ellas se designaba por el grupo familiar dominante, acuñándose jetones (“quarterouli”) con los emblemas de las familias más importantes en cada asociación. Estos jetones eran utilizados por todos los agentes de las compañías asociadas para realizar la contabilidad cotidiana, y aunque se conocen algunos de los emblemas utilizados, como el de los Franzesi –a cuya familia pertenecían los famosos Biche y Mouche- (Figura 4b), todavía quedan muchos sin identificar. 

A la vista de los nuevos ejemplares aparecidos, podemos interpretar la leyenda “GIR” como las iniciales utilizadas por algún personaje lombardo relacionado con la casa real que pudo llegar a actuar como tesorero de la reina Juana I de Navarra, que tuvo relación directa con lombardos como la familia Pulci que en 1301 adeudaba a la reina la cantidad de 5.500 libras.

Figura 6.- Mercader lombardo

Bibliografía:

Ibáñez, M., 2010. Jetones medievales navarros. Numisma 254: 107-175; 2012. Jetones medievales lombardos e ingleses con el escudo de Navarra. Numisma 256: pp. 115-126. 


sábado, 15 de julio de 2017

La pesca del bonito en una premoneda de las Islas Salomón.

La pesca del bonito en una premoneda de las Islas Salomón. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 71(1244) (Octubre 2015): pp. 48-49.

Miguel Ibáñez Artica.


            Malaita es una pequeña isla volcánica de forma alargada, con 164 Km. de longitud y 37 km. de anchura, actualmente habitada por una población de unos 140.000 melanesios, y que pertenece a las Islas Salomón del Pacífico Sur. En esta isla, descubierta en 1568 por el español Álvaro de Mendaña, la moneda más valiosa es la denominada “Dafi”, que consiste en un colgante elaborado con la concha de la ostra perlífera Pinctada maxima (Jameson, 1901) recortada en forma de luna creciente y que habitualmente presenta una figura superpuesta del ave marina conocida como fragata pelágica Fregata minor (Gmelin, 1789), elaborada con concha de tortuga marina. Esta moneda concha, utilizada como adorno exclusivamente por los hombres, sirve como “moneda de sangre” para resarcir a los familiares de alguien que ha muerto de forma violenta(1).

            La forma de la concha recuerda la “kina”, moneda tradicional en la vecina Papúa-Nueva Guinea, país que actualmente denomina “kina” a su moneda oficial en recuerdo de las monedas-concha autóctonas. Sin embargo la figura de la fragata es  característica de las Islas Salomón, y la fascinación por esta ave marina reiteradamente representada en el arte popular de la región, tiene una explicación que va más allá del papel premonitorio que tienen estas aves al anunciar huracanes y tormentas, y está relacionada con el “culto del bonito”(Ross, 1981).

            Uno de los principales recursos de la población de Malaita es la pesca de túnidos medianos o pequeños, denominados conjuntamente con el nombre español de “bonito”, entre estas especies destaca el listado o Katsuwonus pelamis (L. 1758), muy apreciado para la industria conservera y en la gastronomía japonesa donde recibe el nombre de “katsuo”, así como algunas especies más pequeñas del género Sarda (S. australis, Macleay, 1881 & S. orientalis, Temminck & Schlegel, 1884).


Figura 1.- Ataque de las “fragatas” a un cardumen de peces y pesca del bonito en las Islas Salomón.

            Los cardúmenes de estos peces constituyen un impresionante espectáculo cuando son atacados desde el cielo por las aves fragata, que como dardos, se lanzan en picado para conseguir sus presas (Figura 1), mientras otros grandes depredadores como los tiburones atacan desde las profundidades (2). Este frenesí de depredación, donde se mezclan los chillidos de las aves con el chapotear de los peces que saltan fuera del agua, señala a los pescadores el lugar donde se concentran los peces, de forma que las fragatas constituyen unos importantes aliados para la localización de la pesca. Por este motivo se venera y respeta a esta ave marina que aparece representada en las valiosas monedas concha, tanto en la de forma circular denominada “tema” y utilizada en la isla de Santa Cruz, como en las “dafi” de Malaita utilizadas también como adorno de manera exclusiva por los hombres.

            En fecha reciente hemos tenido ocasión de estudiar una de estas monedas concha (Figura 2) que excepcionalmente presenta un estilizado grabado donde se refleja el ataque de uno de estos pájaros a un bonito. La concha tiene una anchura de 20 cm. y una altura máxima de 7 cm., y en sus extremos muestra sendas cabezas de fragatas recortadas en la concha.


Figura 2.-  Moneda-concha “dafi” de la Isla de Malaita que muestra el ataque de un pájaro fragata a un bonito.

            Los habitantes de las Islas Salomón destacan el hecho de que tanto los hombres como los peces denominados “bonito”, tienen en común el color rojo de su sangre, y las acciones de ambos están controladas por espíritus sobrenaturales. Por este motivo las ceremonias de iniciación de los jóvenes están centradas en las expediciones de pesca del bonito. Tras capturar su primer pescado, los jóvenes pescadores lo colocan entre sus brazos como si fuera un bebé y los llevan al mar. Ritualmente transformados o renacidos en una ceremonia equivalente a un bautismo, los jóvenes regresan al poblado donde suben a una gran plataforma con forma de animal denominada “gea”, al abandonar esta plataforma, los muchachos pasan de ser niño/bonito a convertirse en hombre/tiburón, iniciando con esta ceremonia su etapa de vida como adultos. El inciado se convierte, como el resto de los depredadores en guardian y protector del bonito, de cuya existencia depende en definitiva su propia supervivencia. El bonito representa la fase infantil mientras el tiburón, como depredador final, simboliza la etapa del hombre adulto (Werness, 2006, p.52).

En esta región del Pacífico centro.occidental, área 71 de la FAO, se capturan todos los años más de millón y medio de toneladas de listados (Katsuwonus pelamis), parte de las cuales se captura por la flota de atuneros congeladores de Bermeo, y el crecimiento de esta pesquería es espectacular, desde las 100 toneladas de los años 70 del siglo XX hasta los 1,6 millones de toneladas en el 2009.

Notas:

(1) “Si un hombre mata a otro hombre debe pagar como recompensa de sangre lanzas, colgantes dafi, flechas o tierras. Esto es lo que se pagaba antaño.” (Traducción de una grabación realizada a Bita Saetana).

(2)  Las impresionantes imágenes del ataque combinado de fragatas y tiburones, puedne verse en el documental “Océanos” (2009) (http://www.youtube.com/watch?v=YG0WE2MgTBs).

Bibliografía:

Akin, C., 1981. The origins of Shell Money in Kwaio. From a tape by Bita Saetana. Traditional Money Ass. 2, 2: 8-11.

FAO, 2011. Review of the state of world marine  shery resources. Fao Fisheries and Aquaculture Technical Paper n. 569: 354 pp.

Ross, K., 1981. Shell ornaments of Malaita: Currency and ritual valuables in the Central Solomons. Expedition 23(2): 20-26.

San Millán, M.D. & M. Ibáñez, 2012.
Las “monedas-concha” de Oceanía. Numisma 62(256): pp. 147-206.
http://www.numisarchives.blogspot.com.es/2014/08/imagenes-del-articulo-las-monedas.html

Werness, H. B., 2006. Continuum Encyclopedia of Animal Symbolism in World Art. The Continuum Int. Publ. Group. N.Y. 476 pp.





sábado, 1 de julio de 2017

Monedas de Fancisco Febo, efímero rey de Navarra (1479-1483)

Monedas de Francisco Febo, efímero rey de Navarra (1479-1483). Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 64(1160) (Febrero 2008): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.
            El 19 de enero de 1479, tras más de medio siglo de un conflictivo reinado, plagado de manipulaciones, intrigas y enfrentamientos con sus parientes más próximos, moría Juan II, siendo jurada como sucesora su hija Leonor el 28 del mismo mes en Tudela. Sin embargo se dio la paradoja de que tras el larguísimo reinado de Juan II, vino el más corto de la historia del Viejo Reyno, ya que la reina fallecía a las dos semanas de haber sido proclamada. En su testamento dejaba como heredero a su nieto Francisco Febo, un muchacho que apenas contaba los diez años de edad, así durante su corto reinado, se hizo cargo de la regencia su madre Magdalena de Francia. El nombramiento de este nuevo rey, que hizo su solemne entrada en Pamplona el 21 de noviembre de 1481, fue apoyado por los agramonteses, mientras los beamonteses optaron por Fernando el Católico (no hay que olvidar que Fernando era también hijo de Juan II de Navarra y Aragón). En definitiva lo que se dilucidaba en Navarra era la influencia de los dos poderosos reinos enfrentados en esta época, por una parte, al norte, Francia (de donde procedían los últimos reyes independientes de Navarra) y por el sur, Castilla-Aragón, futuro germen de la monarquía hispana.


Figura 1.- Monedas de oro de Francisco Febo

            Además de las emisiones bearnesas de oro y vellón (Figura 1a), Francisco Febo acuñó moneda de oro en Navarra siguiendo el patrón del ducado, con 23 kilates de ley y 3,4 gramos de peso (Figura 1b), así como gruesos y medios gruesos de 34 % de contenido en plata y 2,78 y 1,39 gramos respectivamente. También acuñó moneda menuda, cornados o dineros negros con un 2,78 % de contenido en plata y 0,7 gramos. Para su coronación en diciembre de 1481, se habían fabricado ya 4.425 gruesos destinados a repartir entre los asistentes al solemne acto, tal y como era tradición en el Reino de Navarra.

            El ducado de oro fue conocido por vez primera en el siglo XIX  (Poey d'Avant, 1860) a partir del ejemplar de la colección “Vidal Quadras”, y también en esta época se describe el grueso (Figura 2a) que presenta hasta tres variantes de leyenda en el anverso: "FRANCISCVS PHEBVS",  "F.FEBVS" y "FRANC:FEBVS".

            Con respecto al medio grueso, si bien se conocía de su existencia por la documentación, especialmente en el “Cuaderno de Señoriaje” conservado en el Archivo General de Navarra, libro que registra minuciosamente todas las acuñaciones realizadas a nombre de este monarca, hasta el presente no se conocía ningún ejemplar.

            En fecha reciente hemos tenido la ocasión de descubrir una pieza de este valor entre los importantes fondos del monetario del Museo de Navarra (nº de inventario 7380), se trata de un medio grueso de 18 mm. de módulo y un gramo de peso (Figura 2b), que presenta las mismas características que las del grueso, en el anverso dos letras “f” góticas en minúsculas, y encima una corona, con la leyenda, algo recortada, donde se lee “FRANCISCVS (PHEB)VS (DG N)AVARRE”, y en el reveso una cruz inscrita en un círculo, con la leyenda externa “SIT NOMEN DOMINI BENEDICTVM”.

            Los cornados presentan una sola letra “F” gótica, también coronada, pero en este caso en mayúscula (Figura 2c), y por último, los medios cornados, la moneda de menor valor, presentan en el anverso una pequeña corona (Figura 2d) y serán imitados unos años más tarde por los “negretes” que acuña Fernando el Católico con los cuales fácilmente puede confundirse, debido a que normalmente se trata de pequeñas y raras monedas no muy bien acuñadas, -muchas veces se encuentran descentradas y con las leyendas amputadas-, y conservadas. Las equivalencias en la época eran 1 ducado = 46 gruesos y un grueso = 16 cornados.


Figura 2.- Monedas navarras de plata y vellón de Francisco Febo.
            a: Grueso, Museo de Navarra nº 4838; b: Medio grueso, M.N. nº 7380; c: Cornado, M.N. nº 4839; d: Medio cornado (C.P.).
 
            Para este período, existe una pormenorizada información documental de las cantidades acuñadas de cada tipo monetario, recogidas en los "Cuadernos de Señoriaje" (Archivo General de Navarra) y que nos indican como, curiosamente, la mayor parte de las monedas se fabricaron en realidad con posterioridad al fallecimiento del monarca. Esto tiene una explicación sencilla, ya que las órdenes de emisión de las diferentes monedas estaban ya otorgadas, la Casa de la Moneda siguió acuñando a nombre de Francisco Febo hasta la entronización de su hermana Catalina.
           

            Con respecto a la producción monetaria de esta época, conocida gracias al libro anteriormente mencionado; durante el corto reinado de Francisco Febo, se acuñaron un total de 5.263 ducados de oro, de los cuales el 28,5% lo fueron tras su muerte, el 30 de enero de 1483, otro tanto ocurrió con los 57.000 gruesos y medios gruesos, de los cuales el 88% fueron emitidos tras el fallecimiento del monarca y con los 180.000 cornados acuñados, de los que el 95% se emitieron también tras su muerte. Finalmente, Francisco Febo nunca pudo ver la moneda de medio cornado emitida a su nombre, pues todas las piezas fueron acuñadas cuando ya había fallecido, 30.000 ejemplares entre los años 1483 y 1484, y 27.000 en 1485.




jueves, 15 de junio de 2017

Las "Monedas cuchara" del sur de Mongolia.

Las “Monedas cuchara” del sur de Mongolia. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 70(1241) (Junio 2015): pp. 45-47.

Miguel Ibáñez Artica.


Entre las monedas primitivas, denominadas “premonedas”, “protomonedas” o “paleomonedas”, encontramos objetos metálicos, cuyo aspecto recuerda al de alguna herramienta de uso cotidiano. Este hecho está muy extendido a lo largo de todo el Planeta, tanto en Europa y Asia como en África y América.

Remontándonos a las primitivas monedas europeas, los primeros objetos de uso monetario en el Peloponeso (Grecia) fueron varillas de hierro utilizadas como asadores (Figura 1a), probablemente instrumentos de uso ceremonial para hacer sacrificios a los dioses. Estos objetos, con un peso de unos 400 gramos, eran denominados “óbolos”, y un puñado de seis de estos óbolos, los que se podían sujetar con una mano, constituían un dracma.  Precisamente éstos fueron los nombres que se asignó a las primeras monedas griegas de plata (Figuras 1a’ y 1a”).


Figura 1.- a: conjunto de seis “óbolos”, que constituyen un “dracma” premonetario; b: “Liganda” empleada como moneda en los pueblos de los ríos Lomami y Lualaba, en el Congo; c: Miniaturas de hachas de cobre utilizadas como moneda entre los pueblos aztecas.

En el continente africano, hasta fechas muy recientes, se utilizaron diferentes objetos de hierro como moneda: cuchillos arrojadizos, azadones y otros útiles agrícolas, puntas de lanza, etc. En ocasiones estas herramientas fueron perdiendo progresivamente su tamaño y forma original, transformándose en objetos de exclusivo uso monetario. Este es el caso por ejemplo de las “liganda”, originalmente puntas de lanza que alcanzaron un tamaño de dos metros, lo cual evidentemente imposibilita su función original (Figura 1b). Este es un caso excepcional, ya que lo más frecuente es que los objetos que acaban convirtiéndose en moneda se miniaturicen, como es el caso de las pequeñas hachas de cobre o bronce utilizadas como moneda entre los pueblos aztecas (Figura 1c), o de las “monedas albarda” chinas, que reproducen fielmente en miniatura el prototipo del arma (Figura 2a).


Figura 2.-
a: “Moneda alabarda”;  a’: prototipo de arma original del que deriva la moneda.
b: Monedas “pala”; c: monedas “cuchillo”; d: monedas “puente”; e: monedas “pez” y f: monedas “campana”.

En China durante la dinastía Zhou,  entre 1045 y el 256 a.C., se utilizaron diferentes monedas con formas de pala (Figura 2b) y con forma de cuchillo o navaja (Figura 2c). Estas piezas atípicas fueron sustituidas por la convencional moneda redonda por Quin Shi Huang Di, considerado como el primer emperador que unificó China en el 221 a.C., aunque las “monedas pala” fueron recuperadas por el emperador Wang Mang, y volvieron a circular durante un breve período de tiempo a comienzos del siglo primero de nuestra Era (Figura 2c’).

Durante la dinastía Zhou, circularon también otros objetos de bronce, con aspecto de puente (Figura 2d), puntas de flecha, peces (Figura 2e) o pequeñas campanas (Figura 2f), que se supone tuvieron una función monetaria, pero el tema que nos ocupa, las “monedas cuchara” o “spoon money”, aparecen al norte de China, en la denominada Mongolia interior, y en la región que actualmente constituye el desierto de Ordos, lugar donde se desarrolló una importante cultura material, entre el Paleolítico Superior y la Edad del Bronce, hasta su incorporación a China.

Además de variadas representaciones animalísticas y humanas, con un estilo propio que se ha denominado “estilo Ordos”, aparecen en abundancia pequeños objetos de bronce, con formas características que han sido interpretados como monedas primitivas u objetos de valor (amuletos) (Figura 3). 


Figura 3.- Ubicación de la cultura Ordos, en la Mongolia interior, y algunos objetos de bronce considerados como moneda en el Neolítico tardío (1.600-1.200 a.C.).

            Entre estos pequeños objetos, los primeros a los que se atribuyó una función monetaria fueron los denominados “wa wa” o “monedas cicada”. Aunque originalmente pudieron tener una función ornamental, presentan un tamaño apropiado para ser utilizados como moneda, en una época donde ya se usaban miniaturas de palas y cuchillos en la vecina China. En los últimos años han aparecido otros objetos de tamaño y peso similar, que habían sido interpretados tradicionalmente como adornos por los arqueólogos (Jettmar, 1950, lám. 2, figs. 1-5, 30, 31), si bien en la actualidad varios autores  los consideran como monedas primitivas o premonedas, aunque carecemos por el momento de información documental  que pueda confirmar esta hipótesis. Estos adornos, que presentan varios tipos de formas (Figura 3) llevan siempre un pequeño orificio con el que podrían sujetarse a una cuerda, y uno de esos tipos, identificado en fechas recientes,  presenta el aspecto de una pequeña cuchara con un mango más o menos largo, y que puede ser liso o con los bordes ondulados. Su tamaño está comprendido entre los 4 y 5 centímetros de longitud, y su peso puede variar entre los 3,5 y 5,5 gramos (Figura 4). En el extremo del mango, y sobre una expansión circular, aparece un orificio que serviría para ensartar la pieza en un cordón, que probablemente se llevaría colgado del cuello a modo de collar.


Figura 4.- Diferentes tipos de “monedas cuchara”, procedentes de la región de Ordos.

            Estos orificios son característicos en las monedas chinas, desde los primitivos cauris del segundo milenio antes de nuestra Era, hasta las monedas “cash” de comienzos del siglo XX, pasando por las “monedas navaja” y otras formas atípicas. Tienen como finalidad el poderlas agrupar ensartándolas en un cordón, lo cual presenta una doble ventaja, por una parte pueden colocarse un determinado número (los cauris se colocaban en ristras de 10 unidades, y cada ristra se denominaba ”peng”), agilizando así su contabilidad, y en segundo lugar se facilita su transporte.

            En África, encontramos objetos similares como las cucharas de bronce (Figura 5a), utilizadas para pesar el polvo de oro por el pueblo Akan del sur de Ghana, y aunque los objetos empleados como pesas con motivos geométricos, ocasionalmente son utilizados como moneda, no hay constancia de que las cucharas hayan tenido esta función. Más curiosas resultan las pequeñas cucharitas de bronce en cuyos mangos se representan figuras masculinas y femeninas: Nommo el herrero, uno de los primeros seres, y Ama, su creadora y una de las principales deidades del pueblo Dogón de Malí (Figura 5b). En este caso las cucharitas son depositadas en el santuario Binu, donde los Dogón conservan los objetos de importancia ritual y mágica.


Figura 5.- Cucharillas africanas de bronce.
            a: Utilizadas para pesar oro por el pueblo Akan.
            b: Amuletos mágicos del pueblo Dogón.

            Con respecto a las posibles monedas utilizadas al norte de China en el segundo milenio antes de nuestra Era, queda mucho por conocer de estos curiosos objetos, y ante la carencia de fuentes documentales, debido por un lado a su antigüedad, y por otro el que a diferencia de las culturas primitivas en China, no existen fuentes escritas directas de la cultura Ordos en Mongolia interior, sólo nos queda esperar que nuevos descubrimientos arqueológicos controlados, especialmente en los enterramientos de personajes importantes, que suelen estar acompañados por un rico ajuar funerario,  aporten más información y nos permitan desentrañar los numerosos secretos que conserva todavía esta interesante y compleja cultura del norte de China.


Referencias:

Jettmar, K., 1950. The Karasuk culture and its South-Eastern affinities. Bull. Museum of Far Eastern Antiquities 22: 83-126.

Reis, Bob.