jueves, 15 de junio de 2017

Las "Monedas cuchara" del sur de Mongolia.

Las “Monedas cuchara” del sur de Mongolia. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 70(1241) (Junio 2015): pp. 45-47.

Miguel Ibáñez Artica.


Entre las monedas primitivas, denominadas “premonedas”, “protomonedas” o “paleomonedas”, encontramos objetos metálicos, cuyo aspecto recuerda al de alguna herramienta de uso cotidiano. Este hecho está muy extendido a lo largo de todo el Planeta, tanto en Europa y Asia como en África y América.

Remontándonos a las primitivas monedas europeas, los primeros objetos de uso monetario en el Peloponeso (Grecia) fueron varillas de hierro utilizadas como asadores (Figura 1a), probablemente instrumentos de uso ceremonial para hacer sacrificios a los dioses. Estos objetos, con un peso de unos 400 gramos, eran denominados “óbolos”, y un puñado de seis de estos óbolos, los que se podían sujetar con una mano, constituían un dracma.  Precisamente éstos fueron los nombres que se asignó a las primeras monedas griegas de plata (Figuras 1a’ y 1a”).


Figura 1.- a: conjunto de seis “óbolos”, que constituyen un “dracma” premonetario; b: “Liganda” empleada como moneda en los pueblos de los ríos Lomami y Lualaba, en el Congo; c: Miniaturas de hachas de cobre utilizadas como moneda entre los pueblos aztecas.

En el continente africano, hasta fechas muy recientes, se utilizaron diferentes objetos de hierro como moneda: cuchillos arrojadizos, azadones y otros útiles agrícolas, puntas de lanza, etc. En ocasiones estas herramientas fueron perdiendo progresivamente su tamaño y forma original, transformándose en objetos de exclusivo uso monetario. Este es el caso por ejemplo de las “liganda”, originalmente puntas de lanza que alcanzaron un tamaño de dos metros, lo cual evidentemente imposibilita su función original (Figura 1b). Este es un caso excepcional, ya que lo más frecuente es que los objetos que acaban convirtiéndose en moneda se miniaturicen, como es el caso de las pequeñas hachas de cobre o bronce utilizadas como moneda entre los pueblos aztecas (Figura 1c), o de las “monedas albarda” chinas, que reproducen fielmente en miniatura el prototipo del arma (Figura 2a).


Figura 2.-
a: “Moneda alabarda”;  a’: prototipo de arma original del que deriva la moneda.
b: Monedas “pala”; c: monedas “cuchillo”; d: monedas “puente”; e: monedas “pez” y f: monedas “campana”.

En China durante la dinastía Zhou,  entre 1045 y el 256 a.C., se utilizaron diferentes monedas con formas de pala (Figura 2b) y con forma de cuchillo o navaja (Figura 2c). Estas piezas atípicas fueron sustituidas por la convencional moneda redonda por Quin Shi Huang Di, considerado como el primer emperador que unificó China en el 221 a.C., aunque las “monedas pala” fueron recuperadas por el emperador Wang Mang, y volvieron a circular durante un breve período de tiempo a comienzos del siglo primero de nuestra Era (Figura 2c’).

Durante la dinastía Zhou, circularon también otros objetos de bronce, con aspecto de puente (Figura 2d), puntas de flecha, peces (Figura 2e) o pequeñas campanas (Figura 2f), que se supone tuvieron una función monetaria, pero el tema que nos ocupa, las “monedas cuchara” o “spoon money”, aparecen al norte de China, en la denominada Mongolia interior, y en la región que actualmente constituye el desierto de Ordos, lugar donde se desarrolló una importante cultura material, entre el Paleolítico Superior y la Edad del Bronce, hasta su incorporación a China.

Además de variadas representaciones animalísticas y humanas, con un estilo propio que se ha denominado “estilo Ordos”, aparecen en abundancia pequeños objetos de bronce, con formas características que han sido interpretados como monedas primitivas u objetos de valor (amuletos) (Figura 3). 


Figura 3.- Ubicación de la cultura Ordos, en la Mongolia interior, y algunos objetos de bronce considerados como moneda en el Neolítico tardío (1.600-1.200 a.C.).

            Entre estos pequeños objetos, los primeros a los que se atribuyó una función monetaria fueron los denominados “wa wa” o “monedas cicada”. Aunque originalmente pudieron tener una función ornamental, presentan un tamaño apropiado para ser utilizados como moneda, en una época donde ya se usaban miniaturas de palas y cuchillos en la vecina China. En los últimos años han aparecido otros objetos de tamaño y peso similar, que habían sido interpretados tradicionalmente como adornos por los arqueólogos (Jettmar, 1950, lám. 2, figs. 1-5, 30, 31), si bien en la actualidad varios autores  los consideran como monedas primitivas o premonedas, aunque carecemos por el momento de información documental  que pueda confirmar esta hipótesis. Estos adornos, que presentan varios tipos de formas (Figura 3) llevan siempre un pequeño orificio con el que podrían sujetarse a una cuerda, y uno de esos tipos, identificado en fechas recientes,  presenta el aspecto de una pequeña cuchara con un mango más o menos largo, y que puede ser liso o con los bordes ondulados. Su tamaño está comprendido entre los 4 y 5 centímetros de longitud, y su peso puede variar entre los 3,5 y 5,5 gramos (Figura 4). En el extremo del mango, y sobre una expansión circular, aparece un orificio que serviría para ensartar la pieza en un cordón, que probablemente se llevaría colgado del cuello a modo de collar.


Figura 4.- Diferentes tipos de “monedas cuchara”, procedentes de la región de Ordos.

            Estos orificios son característicos en las monedas chinas, desde los primitivos cauris del segundo milenio antes de nuestra Era, hasta las monedas “cash” de comienzos del siglo XX, pasando por las “monedas navaja” y otras formas atípicas. Tienen como finalidad el poderlas agrupar ensartándolas en un cordón, lo cual presenta una doble ventaja, por una parte pueden colocarse un determinado número (los cauris se colocaban en ristras de 10 unidades, y cada ristra se denominaba ”peng”), agilizando así su contabilidad, y en segundo lugar se facilita su transporte.

            En África, encontramos objetos similares como las cucharas de bronce (Figura 5a), utilizadas para pesar el polvo de oro por el pueblo Akan del sur de Ghana, y aunque los objetos empleados como pesas con motivos geométricos, ocasionalmente son utilizados como moneda, no hay constancia de que las cucharas hayan tenido esta función. Más curiosas resultan las pequeñas cucharitas de bronce en cuyos mangos se representan figuras masculinas y femeninas: Nommo el herrero, uno de los primeros seres, y Ama, su creadora y una de las principales deidades del pueblo Dogón de Malí (Figura 5b). En este caso las cucharitas son depositadas en el santuario Binu, donde los Dogón conservan los objetos de importancia ritual y mágica.


Figura 5.- Cucharillas africanas de bronce.
            a: Utilizadas para pesar oro por el pueblo Akan.
            b: Amuletos mágicos del pueblo Dogón.

            Con respecto a las posibles monedas utilizadas al norte de China en el segundo milenio antes de nuestra Era, queda mucho por conocer de estos curiosos objetos, y ante la carencia de fuentes documentales, debido por un lado a su antigüedad, y por otro el que a diferencia de las culturas primitivas en China, no existen fuentes escritas directas de la cultura Ordos en Mongolia interior, sólo nos queda esperar que nuevos descubrimientos arqueológicos controlados, especialmente en los enterramientos de personajes importantes, que suelen estar acompañados por un rico ajuar funerario,  aporten más información y nos permitan desentrañar los numerosos secretos que conserva todavía esta interesante y compleja cultura del norte de China.


Referencias:

Jettmar, K., 1950. The Karasuk culture and its South-Eastern affinities. Bull. Museum of Far Eastern Antiquities 22: 83-126.

Reis, Bob.


jueves, 1 de junio de 2017

Un epígrafe irreverente en los jetones medievales “Este es el culo de Navarra”.

Un epígrafe irreverente en los jetones medievales “Este es el culo de Navarra”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 71(1243) (Septiembre 2015): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Todavía podemos encontrar numerosas sorpresas en el campo de la investigación numismática, y la que ahora presentamos está relacionada con una extraña leyenda que aparece en algunos jetones medievales.

            Los jetones son piezas con apariencia de monedas que servían para realizar la contabilidad, y eran usadas como fichas de ábaco para realizar las operaciones aritméticas sencillas. En uno de estos ejemplares encontramos la leyenda “CET LECU DE NAVARE”, es decir “este es el escudo de Navarra”, pero lo sorprendente es que en realidad, el escudo representado es el dimidiado con las armas de Francia y Borgoña (Figura 1). Tradicionalmente este hecho había sido interpretado como un error, que pudo ocurrir tras el fallecimiento el 12 de septiembre de 1348 de la primera esposa de Felipe VI de Francia, Juana de Borgoña. En enero del año siguiente el monarca contraía matrimonio con Blanca de Navarra, y no es improbable pensar que los fabricantes de jetones cambiaron  la leyenda, pero dejando intacto el escudo de la anterior reina. 


Figura 1.- Jetón con leyenda “cet lecu de navare” y escudo con las armas de Francia y Borgoña.

            Lo que ya no encaja tan bien con esta teoría es que encontremos cinco tipos diferentes de jetones que presentan este original anverso (Figura 2). Podemos suponer un error puntual, pero una reiteración en varias emisiones resulta menos comprensible. Pero entonces ¿cuál podría ser la causa de este error?


Figura 2.- Jetones con leyenda “Este es el escudo de Navarra” y escudo de Borgoña.
a: Prototipo de Juana de Borgoña (1313-1349) con leyenda “EQV DE BOURG” (De la Tour nº 273); b-e: Jetones con leyenda “CET LECV DE NAVARE”.

            En fechas recientes, el prestigioso medievalista francés y experto en jetones Dr. Jacques Labrot ha desarrollado una hipótesis que a primera vista resulta sorprendente, pero que muy bien pudiera corresponderse con la realidad.

            Antes de exponerla es necesario comentar unos truculentos hechos acaecidos en a comienzos del siglo catorce. Felipe IV de Francia había casado con Juana I, reina de Navarra y condesa de Champaña, y de la unión nacieron siete hijos (cuatro varones y tres mujeres) de los que cuatro llegarían al trono (tres varones en Francia e Isabel, como reina consorte de Inglaterra).

            Los tres hijos mayores, Luis, Felipe y Carlos, casaron con tres princesas borgoñesas, Luis con Margarita, hija del duque Roberto II, y Felipe y Carlos, con las hermanas Juana y Blanca respectivamente, hijas de Otón IV de Borgoña.

            El problema surgió cuando Margarita y Blanca se hicieron amantes en secreto de dos caballeros normandos, los hermanos Gautier y Philippe d'Aunay. Con el consentimiento y complicidad de Juana las reuniones amorosas de las princesas tenían lugar en la torre de Nesle situada en el extremo de la muralla que rodeaba París.

            Finalmente, el escándalo se descubrió, y los dos caballeros normandos fueron ejecutados públicamente, tras romper sus huesos en la rueda, fueron castrados, desollados y rociados con plomo fundido y azufre. Margarita y Blanca fueron juzgadas ante el Parlamento y declaradas culpables de adulterio (Figura 3). Se les afeitó la cabeza y se les sentenció a cadena perpetua. Juana también fue juzgada, pero fue declarada inocente, en parte gracias a la influencia de su marido, Felipe.


Figura 3.- Un monje corta el pelo de la adúltera Margarita de Borgoña según un manuscrito del s. XV.

            En esas fechas (1314), Margarita era la reina consorte de Navarra ya que tras la muerte de Juana I en 1305, su hijo mayor Luis pasó a convertirse en rey de Navarra, y acompañado de su mujer fue solemnemente coronado en Pamplona el uno de octubre de 1307 (Figura 4). Cuatro años después nacería de este matrimonio Juana (28 de enero del 1311), futura reina de Navarra y condesa de Evreux.


Figura 4.- Luís el Hutín, rey de Navarra y futuro rey de Francia.


Figura 5.- Árbol genealógico simplificado de los últimos reyes Capetos directos.

            La situación era compleja, Margarita y  Blanca estaban encerradas en el castillo Gaillard, y en abril de 1314 fallecía el papa Clemente V, con lo que no era posible anular el matrimonio del heredero de la corona de Francia. En noviembre de ese año fallecía Felipe IV y Luis ascendía al trono de Francia siendo coronado oficialmente en agosto de 1316, unos días después, Margarita era asesinada en la prisión y cinco días más tarde el ahora monarca Luis X contraía segundas nupcias con Clemencia de Hungría (Figura 4). Felipe obtuvo la anulación de su matrimonio, y Blanca murió en 1326 recluida en un convento.


Figura 4.- a: Representación pictórica de la torre de Nesle (actualmente desaparecida).
b.- Ruinas del castillo Gaillard en Normandía, donde fue asesinada Margarita de Borgoña, madre de la reina Juana II de Navarra.

            Recopilando: entre 1305 y 1314, Luis es rey de Navarra mientras Margarita de Borgoña es la reina consorte. Probablemente el adulterio de la reina comenzó bastante antes de 1314, y las reuniones “secretas” con su amante en la torre Neslé serían conocidas por parte de la servidumbre, llegando a oídos de los clérigos de los dineros que controlaban la contabilidad de la hacienda real, y quienes utilizaron un lenguaje críptico para denunciar la situación. En efecto tras esta aparentemente inocente frase “este es el escudo de Navarra”, se escondía el mensaje de “este es el culo de Navarra”, que traducido al lenguaje actual vendría a ser “este es el culo (inquieto de la reina) de Navarra”, señalando las armas de Francia/Borgoña, es decir el escudo de la adultera Margarita.

Bibliografía:
Ibáñez, M. 2013. Jetones medievales con el escudo de Navarra. TAN, Trabajos de Arqueología Navarra, 25: 5-141.

Labrot, J., 2002. Etude d’une serie de jetons armories aux legendes a lectura multiple. Bulletin du Centre National de recherche sur les jetons et les meraux du Moyen Age. 46/47/48: 33-71, y comunicación personal del autor.

*Nota: La historia de Felipe IV y sus hijos es la trama de la serie de novelas históricas publicadas entre 1955 y 1977 bajo el título “Los reyes malditos” por es escritor Maurice Druon, ministro de cultura de Francia entre 1973 y 1974. En español editado en 7 volúmenes por “Best Seller Zeta Bolsillo”.


lunes, 15 de mayo de 2017

El "tambú", una moneda de concha utilizada en la actualidad.

El “tambú”, una moneda de concha utilizada en la actualidad. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 60(1112) (Septiembre 2004): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Aunque pueda parecer increíble, todavía en el siglo XXI se siguen utilizando de forma cotidiana primitivas monedas-concha en algunos remotos y apartados lugares del planeta. El ejemplo más destacado lo encontramos en el “tambu” o “diwarra” utilizado por las gentes de la población Tolai, que vive en las islas del Duque de York y Península de Gazelle, en la provincia de Nueva Bretaña (Papúa-Nueva Guinea, Figura 1). La moneda “tambú” está formada por pequeños caracolillos de la especie Nassarius camelus, atravesados por una larga varilla, que se mide en brazas (1 braza= 183 cm.), éstas pueden determinarse de una forma aproximada y sencilla estirando los brazos, la distancia entre ambas manos viene a ser una braza,  a su vez  divisible en pequeños fragmentos o varillas que llevan 10-12 conchas cada una.


Figura 1.- Zona habitada por el pueblo Tolai.

Este pequeño caracolillo es recolectado por los habitantes del poblado de Olive, situado al sur de la isla de Nueva Georgia en las Islas Salomón, y tanto hombres como mujeres, bucean para obtener estas pequeñas conchas, que tras un proceso de secado y limpieza, son vendidas a los Tolai de Nueva Bretaña en Papua. Se trata por tanto de un comercio “internacional” entre dos estados vecinos: en las Islas Salomón está la “fabrica” de la moneda que será utilizada por sus vecinos isleños de Papúa. Una vez en manos de los Tolai, se les practica un orificio en la parte superior, con el fin de poder ensartarlos en una varilla de mimbre. Cada braza (“pokono”) contiene unos 300 caracolillos y tiene un valor aproximado de unas 3.5 kinas (aproximadamente un dólar americano).


Figura 2.- Ristras de “tambu”. (a): detalle del caracolillo Nassarius camelus.

En Rabaul (capital de la región) existía un banco donde se guardaba y almacenaba esta singular moneda. En este “Centro de Cambio de Tambú” había incluso un curioso teléfono que funcionaba con monedas-concha, pero dicho banco y toda la región fue arrasada por una erupción volcánica en 1994. A pesar de ello, la moneda-concha sigue utilizándose en la actualidad, y los datos del año 2002 indican que existen en circulación o almacenadas (como ahorros), una cantidad de monedas-concha equivalentes a unos ocho millones de kinas (más de dos millones de dólares USA).

Figura 3.- La ciudad de Rabaul destruida por la erupción volcánica de 1994 (1).

El 13 de febrero del año 2002, se restableció en Rabaul un centro de cambio oficial denominado “A Pal na Tabu” (Casa de la moneda-concha), con una conversión de 1 braza de moneda-concha = 4 kinas, centro autorizado oficialmente por el gobierno de la provincia de Nueva Bretaña del Este (Papua). Se trata pues, de una moneda-concha legal u “oficial”, reconocida por el Estado como tal. En la actualidad “circulan” como moneda más de seiscientos millones de caracolillos, pero tampoco se libra de las falsificaciones: con conchas muy parecidas, de la especie Nasarius fraudulentus, ensartadas de la misma forma que el “diwarra”, se fabrica el “eddi” o falso diwarra. También los comerciantes europeos, a finales del s. XIX, fabricaron imitaciones de este caracolillo para comerciar con los tolai, pero a diferencia de lo que ocurrió en otros lugares donde las imitaciones fueron aceptadas (dientes de perro de porcelana fabricados por los alemanes para comerciar en sus colonias de Papúa, discos de cerámica fabricados por los portugueses  a imitación del “ndoro” realizado con la concha de la caracola Conus, para comerciar en la costa de África oriental, introducción en la costa occidental africana de la especie Cypraea annulus en vez de C. moneta, etc...), los tolai rechazaron sistemáticamente las imitaciones y falsificaciones. Sin duda, esta fidelidad a la moneda tradicional genuina, es una de las causas que han permitido que conserve su valor y vigencia en nuestros días.


Figura 4.- Compra cotidiana en el mercado con “moneda concha” (2). (a): Detalle de la moneda concha utilizada en transacciones; (b): Cestillo utilizado para llevar la “moneda”.

Además de su uso cotidiano para realizar pequeñas compras, el tambú también se almacena en largas ristras, que se atan a una estructura circular formando un rollo o “loloi” con aspecto de neumático con un diámetro de un metro y una anchura del cilindro que forma el rollo de unos 14 centímetros. Todo el rollo se recubre con hojas secas y se ata con cuerdas para proteger su valioso contenido. Estos “loloi” pueden almacenar unos 600 metros de varilla, que lleva unos cien mil caracolillos regular y cuidadosamente ensartados. Aunque su tamaño real es de un metro, si desplegamos su interior, tal como se hace por ejemplo en las ceremonias funerarias para distribuir su contenido, en realidad sería la moneda más larga del mundo, con una longitud de más de medio kilómetro!. Algunos de estos rollos de moneda concha constituyen los ahorros de toda una vida y se usan para repartir entre los herederos y amigos tras la muerte del propietario, en ceremonias donde se cortan públicamente y distribuyen fragmentos del “loloi”.
Las primeras observaciones realizadas sobre estas primitivas monedas-concha se remontan a 1875, fecha en que arribaron a la zona los primeros misioneros a quienes llamó la atención el complejo y sofisticado sistema monetario existente en la región. A pesar de la introducción y uso de la moneda occidental (primero la inglesa como colonia de Gran Bretaña, luego la australiana y actualmente la moneda oficial de Papúa, la kina), aún se conserva la moneda-concha tradicional, tanto para su uso económico cotidiano (para hacer la compra en el mercado), como para su utilización en ceremonias (bodas, funerales...).


Figura 5.- “Loloi” o rollo de moneda concha. Imágenes de exhibición de la moneda concha en 1910 y en el 2010. Al fondo, grabado de 1882 donde se muestra el cadáver de un jefe expuesto junto con los aros de moneda concha que poseía, como símbolo de prestigio.

Otra zona donde actualmente siguen en vigor las monedas-concha, es en la provincia de Malaita en las Islas Salomón (Figura 6), donde se usan con este fin varios tipos diferentes de collares de cuentas elaborados con conchas de variados colores. Como ocurre con el “tambú”, también aquí existen especialistas en fabricar este tipo de moneda-concha, son los habitantes de Langa Langa, en la costa noroccidental, los que se ocupa actualmente de recoger las conchas, fabricar las cuentas, que a diferencia del “tambú” exigen un mayor trabajo de manipulación, ya que cada una de ellas está formada por un pequeño disco o cilindro delicadamente pulido y perforado, así como la elaboración de los diferentes tipos de “collares” que servirán como moneda para ellos mismos y para otras tribus de la zona. La moneda “isae galia”, fabricada con conchas blancas, se utiliza exclusivamente para regalos de boda, pero existen otros muchos tipos de collares que reciben la denominación genérica de “Akwala afu”, desde el más valioso “maifuo”, donde las hileras de sartas de diferentes colores se combinan de forma determinada, hasta los más modestos “gwae-uruuru” o “buigao”. Con estos diferentes tipos de monedas-concha, se realiza el comercio con las tribus vecinas. En 1990, 150 cuentas “ke’e” equivalían a un dólar USA.  


Figura 6.- “Tafuliae”, moneda concha de las Islas Salomón, detrás una antigua imagen de una mujer perforando los discos de concha para fabricar la “moneda”.

(1) Imágenes del U. S. Geological Survey Volcano Disaster Assistance Program's

(2) Imagen del Geldgeschichliches Museum, Kreissparkasse Köln, Alemania.



lunes, 1 de mayo de 2017

El jetón de la Isla de los Faisanes.

El jetón de la Isla de los Faisanes. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 72(1249) (Marzo 2016): pp. 48-50.

Miguel Ibáñez Artica.

Entre los jetones conmemorativos emitidos por los distintos servicios de la administración real francesa durante el denominado “siglo de oro”, podemos señalar los alusivos al tratado de paz de los Pirineos y al matrimonio del Rey Sol, Luis XIV de Francia, con la hija del monarca español Felipe IV.
En varios de los tipos emitidos, aparecen en el anverso los bustos enfrentados de Luis XIV y María Teresa de Austria, con la leyenda: LVD XIIII ET MAR THER D G FR ET NAV REX ET REG (Luis XIV y Mª Teresa, por la Gracia de Dios, Rey y Reina de Francia y Navarra), y hay uno especialmente interesante por su original reverso: el plano de Isla de los Faisanes, en la localidad de Irún, lugar donde se firmó el tratado (Figura 1) que lleva la leyenda AETERNO FOEDERE IVNGAM (unidos por un pacto eterno) (Feuardent 13027).


Figura 1.- Jetones que muestran en el reverso la Isla de los Faisanes.

            En este reverso, podemos observar como a ambos lados de la Isla se extienden sendos puentes, soportados cada uno por tres barcazas, y aparece bajo dos formas diferentes: con la fecha 1660, o con una decoración ondulada en el exergo. Esta representación de la Isla de los Faisanes, además del tipo que presenta en el anverso los bustos enfrentados de los monarcas, figura también en algunos otros jetones de la época emitidos por el consejo (F. 223, 224) y la administración del rey (F. 12551-12553), en el condado de Artois (F. 6968), revertido al dominio francés por el Tratado de los Pirineos, e incluso en jetones particulares como el emitido por el notario Jean de La Balle (F. 3829) (Figura 2).


Figura 2.- Enlaces de cuños de los diferentes jetones donde aparece la Isla de los Faisanes.

            La minúscula Isla de los Faisanes, situada en medio del río Bidasoa a la altura del paso fronterizo de Behobia, ya había gozado de gran protagonismo unos años atrás, cuando en noviembre de 1615, los embajadores de Francia y España realizaron el intercambio de dos princesas en este lugar neutral: Isabel, hija de Enrique IV de Francia, prometida y futura esposa de  Felipe IV, y la hermana de éste, Ana de Austria, prometida de Luis XIII y futura reina de Francia (Figura 3). El nombre que recibe actualmente de Isla de los Faisanes, no tiene que ver con la exótica gallinácea, sino que puede ser una degeneración del término “pausan”, derivado del vasco “pausu” o “paso”, peaje que debía pagarse en este lugar al cruzar la frontera, o bien derivar del nombre francés de “L’île des faisants”, o “isla de los negociadores”.


Figura 3.- Representación idealizada del intercambio de princesas en la Isla de los Faisanes, a la derecha Ana de Austria y a la izquierda Isabel de Francia.

            Sin embargo, el acontecimiento histórico más importante acaecido en este remoto lugar, tuvo lugar entre agosto y noviembre de 1659, cuando se produjeron hasta 24 reuniones en la Isla de los Faisanes entre el cardenal Mazarino, en representación de Francia, y don Luis de Haro por parte española (Figura 4), que concluyeron con el que sería conocido como “Tratado de los Pirineos”, por el que España cedía a Francia el condado de Artois, la región del Rosellón y algunas plazas fuertes en los Países Bajos. La paz entre ambos países se sellaba con un matrimonio, el del monarca francés con la infanta María Teresa, hija mayor del rey de España Felipe IV, además se pactaba una dote de medio millón de escudos de oro a cambio de la renuncia de la princesa a la corona de España, dote que nunca fue pagada y que propició más tarde las pretensiones francesas al trono, que cristalizaron con la instauración en España de la dinastía francesa de los Borbones en la persona de Felipe V, nieto de María Teresa y Luis XIV.


Figura 4.- Grabados de época que muestran las construcciones realizadas en la Isla de los Faisanes para la ceremonia y mapa representado en el jetón conmemorativo.

El día 3 de junio tuvo lugar en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de Fuenterrabía la boda por poderes entre  María Teresa y Luis, y al día siguiente, en el pabellón construido en la Isla de los Faisanes se produjo el encuentro de la infanta y el rey Felipe IV con Ana de Austria, hermana del monarca español y madre del rey francés Luis XIV.

Tres días más tarde, las delegaciones de ambos reinos luciendo sus mejores galas, se reunieron en el salón construido para la ocasión en la isla y lujosamente decorado por el mismo Velázquez, donde una línea que lo cruzaba de extremo a extremo marcaba la frontera entre Francia y España, allí los dos monarcas rubricaron el Tratado de los Pirineos, formalizando el acuerdo de paz, alianza y amistad entre los dos reinos. Eso sí, sin que ninguno de ellos cruzase la línea fronteriza situada en medio del salón (Figura 5).

A partir de 1856, la Isla de los Faisanes, con apenas dos mil metros cuadrados de superficie, se convirtió en el condominio más pequeño del mundo, donde actualmente ejercen su autoridad los comandantes navales de Bayona y San Sebastián, que se alternan en el mandato cada seis meses.


Figura 5.- Reunión de Felipe IV y Luis XIV en la Isla de los Faisanes.

A pesar de la trascendencia histórica de estos acontecimientos, existen algunos detalles curiosos que han pasado más desapercibidos. Con el fin de realizar los preparativos de la ceremonia, Felipe IV designó al famoso pintor Diego de Velázquez, que en esas fechas ostentaba el importante cargo de Aposentador Real, mientras que por parte francesa se nombró responsable a un capitán de los mosqueteros llamado Charles de Batz-Castelmore, conde de Artagnan (c. 1611–1673), que en 1657 había entrado en la compañía de mosqueteros como capitán, convirtiéndose en confidente del monarca. En este personaje se inspiró el escritor Alejandro Dumas para su famosa novela (Figura 6), si bien situó al personaje de ficción unos años antes, bajo el reinado de Luis XIII y con el cardenal Richelieu como primer ministro del reino. El verdadero D’Artagnan murió en el sitio de Maastrich en 1673, alcanzado por una lluvia de balas, mientras que el pintor Velázquez, a los pocos meses de su regreso de la Isla de los Faisanes, en julio de 1660, contrajo la viruela, y el seis de agosto, fallecía. Probablemente algunas de las últimas obras del famoso pintor, fueron las realizadas para decorar el lujoso salón construido en la Isla de los Faisanes.


Figura 6.- D’Artagnan en una moneda conmemorativa francesa y Velázquez en un billete de 50 pesetas.

Muy probablemente ambos personajes se conocieron en la Isla de los Faisanes (Figura 7), pero ignoramos completamente cuáles pudieron ser sus relaciones. En cualquier caso, hay aquí un material suficiente para escribir una novela con tintes históricos, que con toda seguridad alguien -algún día-, abordará.



Figura 7.- Jetón francés con el plano de la Isla, y al fondo la Isla de los Faisanes en la actualidad.


            Con posterioridad, la Isla de los Faisanes siguió cumpliendo su papel diplomático, y el 3 de noviembre de 1679 María Luisa de Orleans, sobrina de Luis XIV fue entregada para contraer matrimonio con Carlos II, y el 9 de enero de 1722 se volvió a producir un canje de princesas, Luisa Isabel de Orleans para desposarse con el futuro Luis I (hijo de Felipe V), y María Ana, hija del monarca español, con Luis XV, aunque en este caso la boda no llegó a celebrarse. Nuevamente el 13 de enero de 1745, se entregó a María Teresa Antonia, para desposarse con el hijo primogénito de Luis XV, que fallecería antes que su padre



sábado, 15 de abril de 2017

Los "Tokens de las barbas".

Los “Tokens de las barbas”. Artículo publicado en: Eco Filatélico y Numismático 72(1251) (Mayo 2016): pp. 46-47.

Miguel Ibáñez Artica.

Entre los objetos monetiformes, es decir, aquellos que parecen monedas pero no lo son, encontramos una gran variedad de elementos, que van desde los utilizados como fichas contables o jetones en las Edades Media y Moderna, hasta los que cumplen una función de recibo o pase (como las fichas utilizadas actualmente en los parques de atracciones).

En ocasiones, estas denominadas “fichas” en castellano o “tokens” en inglés, servían como recibo de algún pago realizado, y en este grupo podemos incluir uno de los objetos más curiosos de la “exonumia*” mundial. Se trata del conocido como “token de las barbas”, acuñado en Rusia en 1705 y 1725, y que constituía una tasa o impuesto -denominado “borodoràia”-,  por el hecho de ¡llevar barba!

Extraordinariamente raros, existen dos tipos diferentes, el primero acuñado en 1705, es redondo y presenta en una cara la imagen de una nariz rematada por un largo mostacho y unas barbas con la leyenda en ruso “moneda recibida”, y en la otra cara el águila imperial y bajo ella la fecha 1705 en caracteres cirílicos (Figura 1) con leyenda de anverso: ДЕНГИ ВЗИТЬІ (“Moneda/tasa cobrada”) y en el reverso АΨЕ ГОДУ (Año 1705). Los emitidos entre 1722 y 1725, todavía más escasos, son cuadrados, más grandes (Figura 2), y muestran en el anverso el texto en ruso: “impuesto por llevar barba”.


Figura 1.- “Tokens de las barbas” de 1705.



Figura 2.- “Token de las barbas” de 1725.

Los primeros de estos tokens se dieron a conocer en el mundo de la numismática en 1845, a través de un artículo publicado en la revista Numismatic Chronicle por Walter Hawkins, conservador del British Museum y presidente de la Sociedad Numismática de Londres. La utilización de estos curiosos tokens hay que contextualizarla en un momento crítico para Rusia: el zar Pedro I, apodado “el Grande” (Figura 3) tanto por su estatura (superaba los dos metros), como por sus acciones, había heredado en 1682 un vasto reino anclado en un sistema feudal propio de la Edad Media, y a su muerte a comienzos de 1725, había conseguido transformar Rusia en una de las principales potencias europeas.


Figura 3.- El zar Pedro I rompe con las tradiciones de sus antepasados (su padre Alejo I o su abuelo Miguel I) y renueva su imagen personal, renunciando a las barbas y a las vestimentas ostentosas, sus sucesores masculinos seguirán esta nueva tendencia hasta que en la segunda mitad del siglo XIX, los últimos Romanov retomarán la costumbre de llevar barba.

La personalidad del Zar, se desarrolló bajo la influencia de la denominada “colonia alemana” de Moscú, habitada por extranjeros y donde aprendió sus costumbres, cultura y tecnología, mucho más avanzada que la existente en la Rusia tradicional. En 1697 realizó un viaje de incógnito por toda Europa contactando con muchos técnicos y especialistas. A su regreso, en 1698, organizó una gran fiesta a la que invitó a nobles y cortesanos, y ante el asombro de los asistentes, comenzó a cortar las barbas de los allí presentes (Figura 4). Hay que tener en cuenta, que en esta época, la barba era un símbolo de prestigio y autoridad, y mientras en los estamentos religiosos se consideraba como la imagen y semejanza de Dios, para el Zar, suponía tan solo el símbolo de una sociedad atrasada que era necesario modernizar. Por este motivo durante ese mismo año se publicó un decreto prohibiendo a los hombres llevar barba, orden que solo fue cumplida por las personas que tenían contacto directo con el Zar y provocó un gran descontento entre la población y los estamentos religiosos.


Figura 4.- Grabado de la época donde un funcionario del Zar elimina las pobladas barbas de un noble boyardo.

La legislación sobre barbas y bigotes tiene sus antecedentes en Inglaterra, donde en 1447 el último Lancaster Enrique VI (que no usaba barba ni bigote), emitió un decreto prohibiendo el uso de bigotes, y un siglo más tarde, Enrique VIII -que llevaba barba-, creó en 1535 un impuesto progresivo por portar barba, proporcional al estatus social de la persona con rostro hirsuto. En el primer caso se debía a razones personales del monarca, y en el segundo era probablemente un impuesto suntuario, considerando el pelo facial como símbolo de riqueza. Al parecer, la heredera de Enrique VIII, Isabel I de Inglaterra, mantuvo el impuesto sobre las barbas hasta que en 1560 quedó completamente abolido y olvidado.

            Los motivos que llevaron a Pedro I de Rusia a penalizar el uso de las barbas no fueron estrictamente de índole fiscal, más bien se trataba de imponer una transformación del País, que pasaba por modificar algunos hábitos y costumbres, como el que tenían los hombres de portar pobladas barbas. En 1698 el zar emitió el primer decreto limitando el uso de la barba en los hombres, que produjo un gran número de quejas y protestas, y ante la oposición popular, se emitió un segundo decreto imponiendo una serie de condiciones a las personas que portaran barba: deberían llevar un vestido especial con cuello de color rojo y sus esposas debían portar sombreros con cuernos. En caso de incumplir esta orden, la multa era de 50 rublos, y de no poder pagarla, se desterraría al infractor.

            El 16 de enero de 1705 se emitió el decreto de que quienes decidieran llevar barba deberían pagar un elevado impuesto anual que oscilaba entre los cien y treinta rublos. Como prueba del pago realizado, las personas recibían una ficha o token, que debían portar permanentemente  y mostrarlo cuando les fuera requerido por los oficiales del zar. Muchos de estos tokens llevan un resello con el águila imperial bicéfala como convalidación de un segundo pago realizado (Figura 5).


Figura 5.- Tokens “de las barbas” resellados.

            Entre los años 1722 y 1725 se acuñaron nuevos tokens, esta vez más grandes y de cospel cuadrado y que no llevaban la imagen alusiva a las barbas de los emitidos en 1705.

            Los dos tipos de estos curiosos “tokens de las barbas”, son extraordinariamente raros, ya que al suspenderse las leyes que restringían el uso de las barbas tras la muerte de Pedro I, los impopulares y odiados tokens fueron destruidos en su mayoría, siendo ya muy escasos los ejemplares que se podían localizar en Rusia en el siglo XIX. La mayoría de los que podemos ver en la actualidad son en realidad “novodels”, imitaciones realizadas por la Casa de Moneda de Rusia en el siglo XIX para satisfacer la demanda del coleccionismo por estos curiosos objetos (Figura 6). Incluso en la actualidad, existe una asociación en Estados Unidos que se dedica a comercializar objetos relacionados con estos singulares tokens,  que se ha puesto de moda y tiene gran aceptación en el mundo de los moteros (http://www.beardtoken.com/).


Figura 6.- Diversos tipos de “novodels” del “Token de las barbas”.


En España, pueden adquirirse las reproducciones de estos “tokens” en la Tienda-Museo de Sos del Rey Católico (Zaragoza).